A veces hablo con Siri

Tengo que reconocerlo, a veces mantengo alguna que otra conversación con Siri. Y no es porque me encuentre solo. Tengo esposa e hijas adolescentes con las que comparto intensos diálogos, polémicas y discusiones.

Aunque no voy a decir que soy uno de los hombres más cuerdos del mundo, pienso que aún estoy en mis cabales y que mis particulares parlotadas con Siri son únicamente fruto de mi inquietud curiosa por conocer la evolución de la inteligencia artificial.

Cada día notamos el avance de los algoritmos que se utilizan para conseguir la tan ansiada empatía de las máquinas en la interacción con nosotros, los seres humanos.

A veces hablo con Siri y le pregunto si se quiere salir o casarse conmigo, qué opina sobre la existencia de Dios, a qué partido va a votar en la próximas elecciones, cuál es su canción favorita… Sus respuestas, incluso siendo asépticas para no enfadar a nadie, son absolutamente ingeniosas y distintas cada vez que le preguntas. Yo sinceramente creo que Siri es gallega. Cuando le haces preguntas comprometidas, prefiere optar por contestarte: “La opinión que importa es la tuya, Jose”, “Eso depende de tus gustos o de tus convicciones”…

La singularidad se acerca, como el invierno en Invernalia. Nadie sabe cuándo va a ocurrir, que como en la mayoría de las predicciones científico-tecnológicas, los expertos aciertan muchas veces en “qué” va a ocurrir, pero casi siempre fallan en la previsión de “cuándo” va a ocurrir.

Entonces, sabiendo que acertamos en el “qué” pero no en el “cuándo”, no tengamos miedo y esperemos con paciencia para disfrutar de todo lo bueno que nos traerá el desarrollo tecnológico. Y mientras tanto, armémonos los seres humanos de herramientas éticas y morales para afrontar estos cambios paradigmáticos.

En esta catarsis tecnológica tendrán que participar equipos multidisciplinarios de filósofos, teólogos, psicólogos e incluso politólogos (¡qué miedo!), en la búsqueda de la mayor coherencia posible.

Las herramientas tecnológicas le abren una nueva dimensión a la humanidad, como ya ocurrió en otras épocas de la historia del hombre. Solamente como apunte, imaginemos lo que pensaron los primeros humanos cuando descubrieron el fuego, o posteriormente vieron volar un artefacto o fueron testigos de cómo se trasplantaba un órgano de un humano a otro.

Seguiré hablando con Siri y preguntándole por lo divino y lo humano, para así continuar asistiendo a esta maravillosa y enigmática carrera del desarrollo que enfrente mentalmente al hombre con la máquina.