El emprendimiento y la competitividad

El emprendimiento y la competitividad

Artículo original de José Antonio Ferreira, “El emprendimiento y la competitividad“, publicado el viernes 26 de junio de 2020 en El Progreso.

 

COMPETITIVIDAD, qué gran término. Cuántas cosas en una única palabra. Cuán beneficiosa es su presencia y cuán fatídica es su ausencia. Competir, un verbo maravilloso para unos e injusto para muchos otros. Pero la vida en sí misma es competir.

En nuestro cerebro reptiliano viene grabado a fuego, marcado en nuestra genética, el mantenimiento de nuestra existencia, y eso significa competir. El ser humano compite desde su concepción, en la infancia, aumenta de intensidad en la adolescencia como todos hemos comprobado, y en la madurez. Lo hacemos en los estudios, en el trabajo e incluso en nuestra familia. Darwin lo dejó bien claro en la teoría de la evolución, donde se puede contemplar la capacidad de supervivencia de las especies y lo que la evolución genética ha conseguido. Los seres vivos que hemos sobrevivido cientos de miles de años, hemos tenido que adaptarnos a nuestro entorno. En todo lo expuesto va intrínseca la competencia, que consigue que solo los más fuertes y los que mejor se adaptan sobrevivan.

El mundo empresarial se rige en cierto modo por las mismas reglas. Competir supone grabar a fuego en nuestro ADN empresarial el hacer más con menos. Con las herramientas que tenemos a nuestra disposición, como son la inteligencia, la prudencia, el análisis racional y la tecnología.

Analizar bien el entorno, es decir, el mercado y nuestros competidores. Por supuesto las necesidades de nuestros cliente y un feedback de cómo nos sienten. La opinión de los clientes es imprescindible para la detección de valores no percibidos y la potenciación de los mejor considerados, así como la corrección de las anomalías.

Parafraseando al gran Michael Porter, la mejor herramienta de competitividad es la diferenciación, es decir, tratar de que el cliente perciba algo distinto en nuestra oferta diferente a lo que muestran nuestros competidores. Según Porter, esto solo puede ocurrir de dos maneras: diferenciación en costes o en calidad percibida.

Dicho todo esto, yo añadiría la excelencia a la hora de competir, que sería hacer lo mejor a menos coste. Esto sería tocar el cielo empresarial, y no muchas empresas en la historia lo han conseguido.

 

La guerra de la competitividad es una guerra abierta donde muchas veces desconocemos a los contendientes y no podemos identificar al enemigo.

 

Cobrar lo máximo posible por tus productos y tener los menores costes posibles para engrosar la cuenta de resultados, que es la que mide nuestra capacidad de competir. La guerra de la competitividad es una guerra abierta donde muchas veces desconocemos a los contendientes y no podemos identificar al enemigo. Por eso, la inteligencia y la información, como pasa en los ejercicios y las guerras, son de capital importancia. Vayamos a la guerra bien armados y nunca rehusemos dar la cara con valentía, pero con inteligencia, a la hora de competir.

Por eso, el VII mandamiento emprendedor reza: “Perseguirás la competitividad“.