El emprendimiento, el sacrificio y el compromiso

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Artículo original de José Antonio Ferreira, publicado en El Correo Gallego el jueves 27 de febrero de 2020.

 

ERA bien pequeña mi hija mayor, al hilo de su comportamiento en los estudios, cuando le dije: “Mira cariño, todo lo que he conseguido hacer en la vida lo he hecho a base de pequeños esfuerzos pero constantes, es decir, a base de trabajo diario”.

Acordémonos de aquella película donde el coronel le preguntaba al soldado: “¿Cómo vivirás, Johnny?”. “Día a día, señor”- respondía el soldado.

Esta filosofía de trabajo donde lo que prima es la tenacidad y, muy especialmente, la constancia, es la clave para conseguir buenos resultados en el emprendimiento.

Un empresario jamás se debe plantear su proyecto de modo cortoplacista sino como una carrera por etapas, donde cada etapa le obligue a echar un ojo atrás y, con perspectiva, observar lo conseguido haciendo un balance empírico y real de ese trayecto que forma parte de un objetivo a mucho más largo plazo.

Hay empresarios que optan por el atajo y generalmente acaban con los huesos en el suelo del fracaso, alentados por la codicia o la envidia, que sin duda es inherente al ser humano. Por no hablar también del especulador que plantea sus empresas embebido en una psicopatía que le habilita a hacer negocios buscando el rédito o plusvalía rápida.

Volviendo al empresario, para transitar ese camino plagado de vicisitudes, otra de las claves importantes es la capacidad de sacrificio que, aun siendo innata en muchas personas, no abunda demasiado en el ámbito empresarial.

Vivimos en la llamada sociedad del bienestar donde muchos creen que es el Estado el que tiene que conseguirles cosas tan importantes como una vivienda o un puesto de trabajo. Es decir, una sociedad plagada de derechos, que es de recibo que tengamos, pero que en ocasiones consigue que nos olvidemos de nuestras obligaciones y que lleva a un gran número de ciudadanos al apalancamiento.

Todos los seres humanos llevamos incrustado en nuestro ADN, entre otras características, la capacidad de supervivencia, pero una vez satisfecha esta, las personas pasan a instalarse en su lugar de confort, que no es otro que el de la supervivencia con el menor grado de esfuerzo.

Pero hay otro tipo de individuos que, adquiriendo un compromiso personal y, por qué no, también con la sociedad, deciden hacerse dueños de su propio futuro. Deciden construirse su propio puesto de trabajo y a la vez generar otros.

Optan por cumplir el sueño de ser empresario y, aunque supone una gran dosis de compromiso y otra gran cantidad de sacrificio, en este caso y sin que siga de precedente, el fin justifica los medios.

Por todo esto el I Mandamiento Emprendedor reza: “Examinarás tu capacidad de sacrificio y compromiso”.