Redundarás siempre los sistemas

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Artículo original de José Antonio Ferreira, publicado en El Progreso el lunes 1 de julio de 2019

Todos hemos oído una frase que suena como advertencia: “Nunca pongas todos los huevos en la misma cesta”.

Sin duda es un sabio consejo que para el mundo de las finanzas se convierte en una máxima.

También en el mundo de la tecnología su repercusión no es baladí, dado que el no tenerla en cuenta puede convertir nuestra organización en un auténtico caos.

Si nos centramos en el mundo de la aviación, y muy concretamente en el diseño y construcción de aviones, nos puede servir de ejemplo.

El avión es sin duda es uno de los  medios de transporte más seguros del mundo -sino el que más-. Como es natural, cuando un avión se encuentra en el aire no puede permitirse ni el más mínimo fallo y por si esto ocurriera, tiene que haber un plan B e incluso un plan C.

Por ejemplo en la cabina de cualquier avión moderno, como los que todos usamos habitualmente para viajar, todos los instrumentos de vuelo, los sistemas de navegación y los controles están por duplicado e incluso algunos por triplicado.

Con todo esto lo que se consigue es reducir a la mínima expresión cualquier contingencia que se pueda producir.

Si este valioso concepto de redundancia lo extendemos al mundo de la empresa estaremos preparados para la guerra diaria que nos hace competir.

Redundaremos los servidores, los canales de comunicación, las líneas de acceso de datos, el software y los responsables del mantenimiento de todos los dispositivos y sistemas. También deberemos redundar la ubicación de la compañía en la medida de lo posible y diversificar los riesgos de sede.

En definitiva, la radicalidad a la hora de realizar las redundancias de todos los sistemas tecnológicos ha de ser directamente proporcional a la criticidad de las actividades a los que estos sistemas sirven.

Por todo esto el VII Mandamiento Tecnológico está dirigido a la redundancia. Un concepto que sin duda es clave para la subsistencia de empresas y organismos. Así evitaremos el riesgo de caer en un apagón que ha condenado a lo largo de la historia a muchas empresas a la muerte empresarial tras verse incapaces de dar respuesta a una situación crítica.