En la tierra de los enemigos invisibles

En la tierra de los enemigos invisibles

Artículo original de José Antonio Ferreira, “En la tierra de los enemigos invisibles”, publicado el miércoles 6 de mayo de 2020 en El Progreso.

 

Y LA TIERRA fue de los microorganismos, pequeños seres vivos que transitan ante nuestra ceguera existencial. Pequeñas criaturas capaces también de lo mejor y de lo peor, que en su código genético la supervivencia también está por encima de todo.

Pequeños seres que atentan en muchos casos contra la vida de las personas, y que metidos en las trincheras, hombres y mujeres libran cada día una batalla infinita con un enemigo que no pueden ver a simple vista.

Y la Tierra fue de la peste negra, que en el siglo XIV masacró la población mundial como nunca antes se había visto.

Y fue la Tierra, ya en el siglo XX, de la mal llamada gripe española que causó más muertos que la coetánea primera guerra mundial.

Y la Tierra fue del Sida que fulminó la vida de millones de hombres y mujeres en todo el mundo, y se cebó especialmente con los humanos homosexuales, llegando a ser catalogada por algunas estancias religiosas como una plaga divina contra el hombre.

Pero la Tierra fue también de otras muchas pandemias, epidemias y plagas de menor dimensión y que aún hoy siegan la vida de miles de seres cada año, en silencio, pero, por descontado, no menos importantes.

 

No hay peor enemigo que el que no puedes ver, con el que no puedes luchar cara a cara. Enemigo sigiloso y traicionero que te apuñala por la espalda.

 

De poco sirve la valentía y la fortaleza contra alguien que se escabulle, que se cuela por las rendijas de tu cuerpo y te envenena.

Mucho tenemos que aprender de esta clase de seres que cuando menos te lo esperas, y al mas mínimo descuido, siegan o mutilan tu vida con una sarracena invisible.

Y contra el enemigo invisible la Tierra fue también de la vergüenza, del espectáculo bochornoso de los humanos que gobiernan el mundo.

De los humanos que dirigen el mundo y que consiguen hacer que sienta un profundo rubor, indignidad, humillación y bochorno.

La Tierra fue de las personas mayores que con una vida ya descontada: ¿A quién le importa que se mueran?

La Tierra fue de las personas enfermas que al estar enfermas: ¿A quién le importa que se mueran?

La Tierra fue de pequeños seres vivos que reclaman su territorio y su derecho a vivir y procrear, cumpliendo así el objetivo para el que están programados.

Y teniendo en cuenta todo esto, la Tierra fue de ver el nivel de crueldad al que pueden llegar las personas convirtiendo las cifras de los caídos en la batalla en meras estadísticas.

Lo importante de esta guerra no es quien la va a ganar o perder, ya que estando seguro de que el ser humano será el triunfador, la cuestión de fondo está centrada en las personas que se quedan en el camino de la indiferencia, la desazón y en el triste anonimato.

Y la Tierra fue de la esperanza de que todo esto no despierte a los monstruos que otrora gobernaron la Tierra y que tanta crueldad y devastación sembraron en nuestro azul planeta.

Y la Tierra fue de la esperanza y la ilusión en derrotar al microscópico enemigo y no volver a caer en errores pasados.

La pregunta que deberíamos contestar todos es: ¿Habremos aprendido algo de toda esta dolorosa situación, o simplemente más pronto que tarde pasaremos página como tenemos por costumbre?